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Más allá del Campo de Juego

Felipe Valle - 20 de Diciembre de 2016

Existen diferentes formas de disfrutar el juego que tanto nos apasiona, ya sea casualmente en los centros de reunión comunes (Malls, plazas y tiendas), organizando partidas con amigos o bien de forma más competitiva, asistiendo a torneos, lanzamientos y distintos eventos que ofrece el juego organizado.

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Es en este punto en el cual quiero centrarme hoy, puesto que si bien muchos son los que asisten a torneos con un ánimo competitivo, la gran mayoría ignora u olvida el aspecto estratégico que se encuentra más allá del juego en sí. Y es que hay mucho más que sólo testear y armar el mejor mazo posible para cada torneo y jugarlo del modo óptimo, comprendiendo la estrategia del mismo y tomando las decisiones que turno a turno llevarán a la victoria.

El Side Deck

También conocido como banquillo, es un elemento clave para todo jugador que aspire a participar en la escena de juego de forma competitiva, y se halla presente en una gran variedad de TCG a lo largo del mundo, debido a las ventajas y al valor estratégico que aporta al juego.

Para los lectores que no conozcan el concepto, o que hayan vivido en una cueva durante los últimos meses, el Side Deck se compone de 10 cartas (especificadas al comienzo del torneo), las cuales pueden ser intercambiadas con cartas de tu mazo entre cada partida.

El uso por excelencia de este sistema es lograr alterar a composición de nuestro mazo para que pueda enfrentarse a una variedad mayor de oponentes. Por ello, es esencial que a la hora de decidir que cartas deben ir en nuestro banquillo, consideremos el metagame al que debemos enfrentarnos, y que cartas se ajustan de mejor manera para cubrir las falencias que pueda tener nuestra estrategia.

Algunos de los ejemplos de cartas a incluir son Lanzar Rocas, Punzón de Hueso, Incendiar el Mundo o Encantamiento o Ráfaga Helada que se ajustan a diversas situaciones de juego.

Bluffear

El concepto de bluffear o hacer bluff proviene del Póker, y se refiere a hacer una apuesta con una mano de baja calidad con el fin de engañar al rival.

El término se ha trasladado a numerosas situaciones, y puede emplearse de forma sencilla en un juego como MyL, donde la presencia de anulaciones y de redirecciones hace especialmente interesante el bluff.

Es habitual en la escena competitiva tomarse un tiempo antes de contestar la clásica interrogante “¿Pasa?” que se utiliza para saber si la carta será anulada o no, y podemos observar en reiteradas ocasiones que la respuesta tarda en llegar, incluso si el jugador en cuestión no tiene forma alguna de responder en ese momento. El valor estratégico de tomarse dicho tiempo, de examinar los oros en la reserva, y contemplar la situación actual del duelo, puede llegar a ser enorme, incluso provocando una mala decisión por parte del rival.

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Los jugadores más veteranos tienen una especial capacidad de detectar este tipo de comportamientos (más sabe el diablo por viejo que por diablo, dirían por ahí), por lo que el arte de bluffear requiere cierto tiempo y práctica.

Observar al Rival

Para los jugadores más experimentados, este es un hábito tan desarrollado que lo realizan de forma inconsciente, analizando ciertos detalles que no precisamente se encuentran en las cartas como tal.

Factores como determinar el nerviosismo producido por el juego a alto nivel, o la ansiedad por hallarse en una situación cercana a la victoria, son elementos que pueden decirnos mucho acerca de lo que pasa por la cabeza del oponente.

Otra forma de dilucidar la estrategia a seguir es observar las cartas que nuestro oponente tiene en su mano. Muchos jugadores interrogan sobre la cantidad de cartas en la mano del rival con el sólo fin de distraerlo o de conocer el estado de los recursos de este, pero sólo algunos lo hacen para determinar que cartas podría tener en su mano, muchas veces basándose en factores como cuanto tiempo lleva una carta sin jugarse.

Es tan relevante como forma de estrategia que muchos gladiadores cambian incesantemente el orden de las cartas en su mano, barajándolas constantemente, con el fin de revelar la menos cantidad de información posible. En mi caso personal, poseía el mal hábito de ordenar las cartas por coste y colocar juntas las cartas de Oro en mi mano, sin percatarme de que ponía a disposición de mi oponente la cantidad de recursos que tenía.

Otro aspecto relevante es reconocer las señales que tu oponente entrega al jugar (o no jugar) sus cartas.

Por ejemplo, imaginemos un caso en el que en el Top 8 de un torneo, tras pensarlo largamente, el oponente decide quedarse con su mano inicial, se da inicio a la partida, y su primer movimiento es bajar un oro y jugar un Escarabajo de las Arenas, sin realizar búsqueda alguna, para luego jugar otro desde su mano, sin realizar búsqueda alguna., otra vez. Resulta evidente para la mayoría que con toda probabilidad el tercer Escarabajo se halla en su mano. Hasta este punto resulta sencillo entender la situación, pero el comprender las implicancias de que el rival elija quedarse una mano así resulta algo más complejo. En primer lugar, si opta por mantener una mano con 3 aliados F1 C1 que para efectos prácticos no tienen habilidad alguna, las demás cartas deberían ser extremadamente buenas, posiblemente cartas que le permitan robar, o que le permitan controlar el juego agresivamente desde el comienzo, para acabar rápido el juego.

El comprender señales como esa nos permite, a la larga, adaptar la estrategia que debemos seguir, y quizá optaremos por anular Llamar a la Manada antes que otra carta, reconociendo la incapacidad del rival de generar recursos a corto plazo, y eventualmente ganar el duelo producto de dicha decisión.

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Como se ve, existen otras prácticas para mejorar el aspecto estratégico de nuestro juego más allá de sólo jugar bien y construir un mazo sólido, que cualquier jugador puede (y debería) intentar si busca jugar competitivamente.

Espero el contenido sea de su agrado, no dejen de hacer sus comentarios al respecto y que tengan éxito en sus duelos.

Nos leemos.

José Monsalvez